Breve comentario sobre la contemplación de Dios

Por M. Montenegro

Guarda silencio ante el Señor, y espera en él. Sal 37.7
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios. Sal 46.10

Conocer a Dios implica muchos cambios en cuanto a nuestra manera de vivir y nuestra manera de pensar. Debe existir una TRANSFORMACION o metamorfosis integral. Deberia darme risa otras cosas y de otra manera.
Si antes el mundo me era indiferente al pasar, los seres humanos, las plantas y los animales, ahora soy sensible, nada me es indiferente, soy atento a los colores a los olores y a la expresión de cada elemento. Esto se puede definir como contemplación.
Conocer a Dios sin contemplarle es como saber el carácter de alguien pero no estar involucrado en el diario vivir teniendo una relación profunda, sentimental y espiritual. Esto lo pueden reconocer los presos, saben como es el carácter de cada miembro de su familia pero no habitan con ellos, no están involucrados en el flujo de comunión de cada día.
La contemplación de Dios es un vaciamiento del propio yo que me conduce a una apertura total y real a la vida del Señor, dispuesto a recibir su animo, corrección, y disciplina. Cuando le contemplo puedo o no cerrar los ojos y le percibo ahí mismo!, en la quietud del alma. Ahí mismo es cuando el espíritu se regocija de gozo.
Esto es muy distinto a una satisfacción o alegría humana y emocional. Aquí ocurre algo que va mas a allá de una asentimiento intelectual o comprensión racional. En ese estado Dios me toca y yo le toco y puedo reconocer el tacto mutuo.

El silencio y la centralidad en su persona es la base para la contemplación. No quiere decir que no deba existir ruido alguno, no. Porque el silencio esta en mi corazón y en mi mente; mi espíritu controla mi ser y no mis emociones, que si necesitan un silencio externo. Puede haber bullicio pero estoy en silencio con él. Mi corazón arde de amor por el y el corazón de él arde de amor por mi. El me infunde esa paz y silencio.

Es una hermosa experiencia que no la puede transmitir una mera reunión dominical. Es mas difícil tener este tipo de encuentro con Dios en una reunión de domingo donde por lo general se va a oír un sermón y "a recibir" que a dar gloria a Dios, aunque con los labios lo repitamos. Una hermana una vez me dijo: Los cristianos en otra cosa no mentimos mas que en las canciones, donde le decimos: “Señor iremos a las naciones...”, o “Señor te amamos y nos amamos...”. Muy lejos de la realidad muchas veces.

La reuniones dominicales son muy hermosas pero presenta un escenario basado en funciones y en programas que impiden muchas veces llegar a un contacto extraterrestre con Papa que nos creo; por medio del Espíritu Santo y de Cristo.
Podemos reconocer que hay millones de cristianos fieles a una institución por mas de 25 años de membresia activa, que nunca pudieron conocer a Dios de esta manera. No saben que es ser amigo de Dios, ser su socio, ser su esclavo.
Si conocen cuales son sus pedidos y las reglas, lo que esta mal y lo que esta bien. Muchos pueden ser ejemplos para los demás y generosos, pero no CONOCEN a Dios en las profundidades de su persona.
Dios es una PERSONA no una doctrina. Esta implícita y sumamente necesaria la comunión con él.

Aquí una poesía sobre el silencio. Expresa preciosamente como Dios habla y se deja conocer por medio del silencio. Que es necesario hacer silencio para que él hable y nos ministre de su vida, de su gracia trascendente.
La ministración es el punto de partida para cada obrero de Dios. Sin ministraron del padre será infructuoso la obra.
Puede existir una elección humana pero no ministración ni de Dios ni humana en el espiritu y no sirve. Es menester que soberanamente el Señor se digne a MINISTRAR para recibir la unción, la revelación de la visión, el denuedo y la fortaleza para vivir su vida.

Aquí la poesía:


EL SILENCIO
Autor: Antonio Porcchia


¿Que nos asusta tanto del silencio?
¿por qué llamar en nuestro auxilio al ruido?
(sonidos armoniosos, rudos o violentos, pero ruidos al fin, Al fin sonidos)

¿Tememos del silencio la elocuencia?
¿Encontarnos al fin nosotros mismos,
responder la pregunta que la ciencia
no puede responder en su mutismo?

¿Quién soy, porque estoy en este mundo,
cual es la razón de mi existencia?
¿Vale el llorar silente, vale el reír jocundo?
¿Valen, en fin, la lucha y la violencia?

Dejemos que el silencio nos inunde
Para que Dios responda en el silencio,
En el vértice mismo en que se funden
El empeño divino y nuestro empeño

Así conocerá el alma su respuesta
Y la dirá a la mente, sin palabras,
Celebrando del culto la gran fiesta
Que con la llave del silencio se abra

 

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