"Testimonio. Unidad en el Espiritu"

Desde que la iglesia sufrió una fractura con los hermanos, sentí mucha carga de orar para la unión de la iglesia. Para poder presentarnos a la estatura de Cristo. Siempre se hacia presente en mi oración este tema, con mucho anhelo de que se cumpliera, y recordaba la triste situación de cuando dos hermanos se separaron. Y todas las veces que hacia mención al tema los recordaba a ellos. Entonces clamaba a Dios por la comunión de la iglesia toda.
Nunca pensé que lo que estaba pidiendo con tanto énfasis, realmente era mí a quien le competía. Era yo la que estaba separada de una hermana cuando yo misma pedía por otros.

Hoy 28 de junio de 2007 Dios a derramado su misericordia a quienes no lo merecían, a quienes solo son dignas de lo despreciable. Todo, todo, todo, cada minuto cada paso, sutilmente programado, para que después de tanto tiempo de encubrimiento salga a la luz aquello que nos tenia atadas. Gracias Dios!!!! Una vez más nos diste la victoria.

Hace mas o menos dos años y medio (a mi percepción) que viene esto incubándose.
Desde que nos conocimos (hace cuatro años) que el mundo se opuso a nuestra amistad, nuestras madres nos odiaban y trataban de impedir que nos uniéramos. Mientras más el mundo quería que nos separemos más confirmaban nuestra comunión, más nos amábamos, más nos buscábamos. Sus intentos de separarnos fue fallido. Nuestra euforia por estar juntas superaba la de ellos con el objeto de desunirnos. Aquello que intentaban hacer para destruir nuestra unión nos confirmaba aún más en que debíamos estar juntas.

Cuando el tiempo paso y naturalizaron nuestros vínculos, entonces recién ahí dejaron de perseguirnos. Por fin!!! Nos dejaron en paz. Justo en ese momento comenzó la persecución espiritual, ya no se trataba de nuestras familias, de nuestros amigos que no les gustaba que nos hablásemos; se trataba del diablo, de sus huestes que comenzaron a obrar para nuestra separación.

De pronto un sentimiento de desagrado para con Jesica hizo que empezara a preocuparme. Primero pense que la envidiaba, ¿acaso yo quería ser ella? ¿cómo podía admirarla tanto y luego despreciarla?. Sentimientos confusos nos atacaron a ambas, de mí para con ella y de ella para conmigo.
Como sabía que en la oscuridad opera el diablo decidí confesárselo. Una vez hecho pense que ya estaba resuelto, y por un tiempo dejo de molestarme. Algunos meses después los malos pensamientos para con ella volvieron. Noooo!!!! Estoy desagradando a Dios! Debo amarla, ¿por qué me pasa esto? Si ella es re fácil de amar. Sentimientos de afecto y sentimientos de bronca me invadían; ¿se puede acaso amar y despreciar a una persona al mismo tiempo? ¿qué me pasa, Dios?
Muchas lágrimas derrame por mi situación. ¿cómo podía no amar a mi hermana? El que no ama al hermano/a no ama a Dios. Me decía una voz. Noooooo.... yo quiero amarla, Dios ayudame por favor!!! Pasaron dos años y medio desde que me di cuenta, varias veces hable con ella del tema, y todas fallaron, no vivificaban mi relación con ella. Había algo más detrás de todo esto.

Desde el principio que Satanás quiso destruir nuestra comunión, este es solo una intento más. Dios hizo que nuevamente no pudiera.
Varias veces hubieron malos entendidos para que nos alejáramos y guardásemos malos sentimientos cada una para con las otras. Intentó de varias maneras, entre Ivana y yo, entre Ivana y Jesica, y finalmente entre Jesica y yo.
De todas salimos victoriosas, en Cristo, siempre las cosas se aclararon; siempre buscamos la unidad de vuelta!!! Aleluya, esto no sería posible en ausencia de Dios.

Hace tiempo que no nos juntábamos las tres (Jesica, Ivana y yo) para leer la Biblia y orar. Pasamos de un tiempo de juntarnos los martes, los jueves, los sábados y los domingos a no juntarnos más. Tiempos preciosos donde conocimos a Dios y veíamos su Voluntad. Dejamos de juntarnos así porque tanto tiempo lo hicimos que nos habíamos saturado, queríamos respirar; en mi caso eso de juntarnos tanto me jugaba en contra porque muchos saberes hacían que esos conocimientos sean en mi vida legalistas, y mucho tiempo viví en opresión por la ley.

Hace unos meses que veníamos pensando en reanudar nuestras reuniones. Además nuestras responsabilidades cotidianas hacían que no nos viéramos y que muchas cosas quedaran acumuladas. Ya no tenemos más dieciséis y diecisiete; debemos ahora cumplir otros roles que antes no lo hacíamos.

Hoy, después de muchos, muchos meses nos volvimos a juntar en mi casa a la noche y sentadas de la misma manera que lo hacíamos antes. Hicimos un balance de cómo nos estaba yendo en el área espiritual durante el ultimo tiempo. Después decidimos orar.
Orar, ellas oraban y yo pensaba en mi cabeza lo hipócrita que era, cuando en verdad debía confesar mi pecado; y me dije antes de orar voy a confesar mi pecado para que nuestra comunión fluya y deje de estar trabada por cuestiones mías.
En eso suena el teléfono, era mi hermano quien me avisaba que no iba a comer en casa y que se quedaba en la casa de un conocido. Esta situación hizo que nos quedáramos más tiempo solas.
Dije: antes de orar quiero confesar un pecado porque sé que donde esta todo claro el diablo no puede operar más. Y lo confesé. Le dije a Jesica que guardaba sentimientos oscuros para con ella, pero que yo no quería tenerlos y que no me deleitaba en ellos. Así que se los atribuí al diablo, él había puesto ese peso en mí y yo no tengo nada que ver.
Conté que un día había llegado a la conclusión de que yo realmente la amaba a ella. Porque ¿acaso el amor no es sufrido, acaso no lo soporta todo? Bueno, yo la soportaba, la estaba amando.
Siempre fuimos tan diferentes con Jesi que en lo único que concordábamos era en que amábamos a Cristo, en todo lo demás no nos poníamos de acuerdo.
Pero explique que esto que me pasaba era muy extraño, porque a pesar de que en mi corazón cavilaba en contra de ella, la amaba profundamente. Dentro de mi no le deseaba ningún mal. De hecho cuando ella me contaba algo malo que le había pasado, me entristecía y oraba en su favor. Esto me confundía.
Lo dije todo, no quedo nada encubierto. Me sentí libre.

Después ella nos expresó que le pasaba lo mismo y que nunca antes lo había dicho porque pensaba que era una cosa más que Cristo debía cambiar. A diferencia de mí, yo no pensaba eso, pues me daba cuenta que con la única persona que me pasaba eso era con ella.
Pero era tan antagónico, admiración y desprecio a la vez. Cuando hacia cosas malas me decía “Jesica no haría esto”. Me ponía a ella como un ejemplo de espiritualidad. Ella dijo que le pasaba lo mismo.

Maravilloso!!! Esto hace que crea más en Dios!!! ¿Que somos nosotras para que Dios se acuerde de nuestras almas?

Todo esta confesado. Ahora solo queda esperar a que Dios deposite su Amor.
Pero como Dios, ahora, voy a llamar las cosas que no son como si fuesen. Nos Amamos, por fe lo digo. Esto hace que crezcamos, que nos unamos más.

Aquella unión, comunión espiritual de la iglesia que le pedía a Papi, se hizo presento hoy. No pensé que se trataba de mí, sino que enfocaba mi vista en otro lado.

Me deleito en Jehová nuestro Dios..... maravillosas son sus obras para con sus hijos.

“¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermano juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba. La barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermon, que desciende sobre los montes de Sión; porque allí envía Jehová bendición y vida eterna”. Salmo 133

“Contribuyamos al Amor fraternal”
María Elena

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